Esta mañana en el gimnasio, como otro día cualquiera, pero no. Había terminado el hip thrust y estaba recogiendo los bártulos. Me fijé en que un joven de unos 18-20 años estaba haciendo sentadillas en la“smith” y no tenía puesto un protector de hombros-cuello. Yo lo había usado para el hip y pensé preguntarle si lo necesitaba. Esa era mi primera impresión, pero inmediatamente pensé que eso podría considerarse meterme donde no debía (que ya me ha pasado otras veces). Pero, a medida que iba hacia donde se dejan estas cosas, el muchacho iba hacia mi como si entendiera que era lo que yo quería y me dijo; ¿Me lo das? Hasta ahí todo bien.
Cada uno siguió con su entrenamiento, y en el ejercicio siguiente se acerca a mi y me cuenta una historia: su abuela, que ya había fallecido, y había tenido problemas de estómago, bazo y otras cosas, aunque se había repuesto bastante bien, tenía un aroma especial que ha vuelto a encontrar en mi. Desde que baja las escaleras del gimnasio sabe si yo estoy abajo o no. Vamos que tenemos un vínculo. ¿Curioso no? Me preguntó si tenía algún problema de salud, pero no tengo, afortunadamente.
Muy curioso. No tiene sentido. En fin, que no tenía otra cosa que hacer.
2 comentarios:
Qué bien escribes, Nita! Me gusta mucho leerte!❤️
Muchas gracias. Como verás he cambiado un poco el texto.❤️
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