Llega la hora de acostarse de ayer y voy a ver cómo está la descarga de datos al pendrive. Susto mayúsculo, no hay nada en él. No se que me dice de un archivo, porque desaparece rápidamente la información. Saco el pen y lo vuelvo a meter, nada, ni se inmuta, no lo lee. Voy al PC para ver si allí lo puede leer y nada, lo mismo. Pendrive nuevo. En fin, cosas de la informática.
Ya sin ganas de meterme en la cama decido instalar la actualización. Me dice que me hacen falta unos 3 gigas. Intento meterlos en otro pendrive y nada que no. Como suelo tener archivos repetidos, borro los que creo que los tengo en otro sitio. En teoría ya podría instalar el software. Parece que si, pero… ilusiones mías, ahora me dice que me hacen falta 40 gigas. A por todas!, borro los 40 gigas y “por fin” se pone en marcha la actualización, que no tarda más de 20 minutos en completarse. A la camita a descansar.
Por la mañana ni por asomo me levanto a la hora que toca el despertador. Tenía que ir al gimnasio a las 9, pero cambié la hora y a las 10 y cuarto más o menos entré por la puerta del gym.
Todo bien allí. Paso por Alcampo para que me devuelvan el precio del pendrive. Siempre suelen poner pegas. Lo principal es que no te creen, pero al final te devuelven el dinero.
Al salir miro el móvil y veo que mis gafas están listas, por lo que aprovecho y voy a recogerlas. Al menos una cosa mejor de lo esperado ya que me habían dicho que al menos una semana.
Y a casita, a comer unos berberechos que compré ayer. Riquísimos, un poquito de aceite, fuego rápido y pinzas para sacarlos nada más abrirse que es cuando mejor saben. El resto, normal, como los demás días.
Haasta pronto❤️
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